·Porque las historias no tienen que tener finales felices, espero que os guste :)
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Fue uno de los peores días de mi vida pero aún así prefiero contarlo para que no acabe
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Fue uno de los peores días de mi vida pero aún así prefiero contarlo para que no acabe
por
matar cada pequeña parte de mi interior donde los sueños se
convierten en realidad y la realidad
aniquila
toda esperanza puesta en ellos.
Ese
día ya el cielo anunciaba la muerte en su color, y por mi parte
estaba totalmente de acuerdo con
él.
Me desperté a eso de las 7 con el despertador a todo volumen
anunciando que ya era hora de
afrontar
todo aquello y por supuesto mi ánimo estaba por los suelos por lo
que levantarme de la
cama
fue un gran esfuerzo, comparándolo con la monotonía semanal en la
que nunca faltaba algo de
energía
aunque fuera bien poca. El espejo de mi pequeño baño contribuyó
aún más a que mi
pesadilla
se fuese incrementando, ya que los defectos siempre aparecía
reflejados, como aceite en el
agua.
No hice demasiado caso ya que mi cara no cambiara mucho de lo que fue
días atrás, puedo
decir
que algo más roja y dolorida pero nada grave. El agua fría ayudó a
que me centrara y decidiera
que
ponerme aunque no era una decisión difícil, algo negro bastaría.
Mi
conjunto era encantador, una blusa violeta con unos pantalones y unas
bailarinas negras todo
acompañado
de una chaqueta, también negra.
El
desayuno fue difícil, mi estómago estaba resentido por todos estos
días sin comer pero no se
resistió
a tomar dos o tres galletas mientras veía la televisión anunciando
nuevos productos para
mejorar
la limpieza, como si le importara a alguien.
Nos
llamó ya por tercera vez y acudimos corriendo mientras me colocaba
el pelo para disimular que
no
me había dado tiempo de peinarme. Mi padre al vernos nos dirigió
una mirada de aceptación y
nos
metimos en el ascensor corriendo para llegar al coche y podernos
marchar lo más rápido que
nos
fuese posible.
Llegamos
puntuales, no era menos, llovía a mares y la lluvia acompañaba a un
frío viento que
calaba
hondo pero eso no impidió que mi madre esperase bajo la gran puerta
de piedra en la que
había
algo escrito en latín que bajo mi pobre traducción decía: “Lugar
de descanso eterno”.
Lo
primero que pensé fue: <bonito lugar para descansar eternamente>
bajo mi punto de vista era
demasiado
tétrico y frío. Al entrar me fijé que a cada lado había tumbas,
unas encima de otras para
no
desaprovechar sitio (supongo), dejando pequeños pasillos entre ellas
para que pudiese circular la
gente,
como si a alguien pudiese gustarle estar allí contemplando todo
aquello. Las cruces que
coronaban
aquellas columnas de tumbas en las que se alojaban los féretros
estaban hechas de piedra
y
cada una era diferente. Dominaban las blancas y negras con múltiples
detalles en metal y también
estaban
adornadas con ángeles y santos dorados. Por el suelo de piedra gris
corría el agua de la
lluvia
hasta colarse por las rendijas que atravesaban de lado a lado el
cementerio.
La
pequeña capilla anunciaba con el sonido de sus campanas el inicio de
la misa en honor a la
difunta
y allí fuimos todos, para dedicarle un último adiós a toda una
vida.
Al
entrar en la capilla todos fueron ocupando los asientos, dejando a la
familia los más próximos al
altar.
Allí fue donde yo me senté, ocupando el sitio entre mi madre y mi
tía, las dos habían sufrido
mucho.
Eran tres hermanas, mi tía Carmen era la mayor y ella e Isabel, mi
madre, estaban muy
unidas.
Mi otra tía, la pequeña, se llamaba Susana pero ella siempre fue
mucho más independiente.
Estábamos
sentadas en primera fila junto a mis dos primos David y Miguel, hijos
de Carmen y de
Manuel.
Todos estaban escuchando las palabras del sacerdote y acompañándolo
en las oraciones. Yo
simplemente
miraba fijamente al altar donde se encontraban los ángeles y de más
santos a los cuales
todos
rezaban y suplicaban la paz eterna. Para mí ese Dios al que rezan y
piden perdón, no existe
por
lo que tampoco creo en un mundo después de la muerte y mucho menos
en fantasmas.
Mi
familia ha sido desde siempre, desde donde alcanzo a recordar,
católica y muy religiosa por lo
que
hice un esfuerzo por mi abuela y le dediqué unas oraciones antes de
que acabara. Todo el
mundo
fue pasando alrededor del féretro para un último adiós y así
poder salir. Cuando nos tocó a la
familia
mi tía Carmen fue la que en nombre de todos dijo unas palabras:
<Aunque
nunca compartiéramos las mismas ideas u opiniones siempre te
querremos porque tú
siempre
fuiste la flor más alta que encabeza este gran ramo y por ello jamás
te olvidaremos.>
Dimos
las gracias a todos por haber ido y por estar junto a nosotros
mostrando su apoyo, salimos de
aquella
pequeña capilla de la que nunca nos olvidaríamos.
Yo
fui la última en salir y siempre me arrepentiré de aquello. Cuando
estaba a punto de cruzar la
puerta
tuve un escalofrío pero no le dí importancia ya que estábamos en
una capilla con un montón
de
santos mirándome pero al pararme en seco delante de la puerta noté
que algo me cogía y quería
arrastrarme
con él, entonces me giré pero lo único que vi fueron los bancos de
madera y los santos
allí
postrados pero me dí cuenta de que la puerta se había movido y
distanciado entonces el miedo
se
apoderó de mí y me eché a correr como alma que lleva el diablo y
cuando crucé la puerta pude
respirar
tranquila. Aquello me había paralizado completamente, ¿qué había
pasado? No tenía
explicación
para aquello pero creo que sería mejor olvidar porque ese día no
era precisamente como
para
analizar fenómenos extraños.
Me
mezclé entre la gente hasta que conseguí alcanzar a mi familia.
Estábamos allí todos quietos
esperando
a la llegada del féretro y me paré a observar el comportamiento de
toda aquellas
personas.
Mis padres se veían destrozados como si aquel día fuese el último
de su vida, sin poder
avanzar,
aunque lo entendiendo por parte de mi madre porque era su madre pero
mi padre...
¡Qué
guapo estaba mi hermano! Aunque aquel traje negro tan elegante, que
comprara para la noche
de
fin de año, daba una nota de sofisticación al funeral; mi abuela
estaría orgullosa ya que ella era la
elegancia
personificada con todos aquellos trajes de grandes diseñadores que
lucía en todo tipo de
celebraciones
porque ella siempre decía: <Es importante ir bien vestida tanto
por dentro como por
fuera>.
Carlos
tenía del brazo a su novia, una chica muy elegante pero en el otro
estaba Estefanía, mi mejor
amiga,
la cual lloraba desconsoladamente. Que puedo decir de ella... Somos
siempre nosotras dos
contra
el mundo, siempre juntas. Los secretos son algo que entre nosotras
no existen, lo
compartimos
todo, sea lo que sea ella jamás me falla y el amor que siento por
ella no se puede
expresar
en palabras porque la quiero tanto como si fuese mi hermana.
La
relación con Carlos es bastante especial. No somos los típicos dos
hermanos felices que se
adoran
mutuamente si no que nos llevamos bastante bien, algunos días son
mejores que los otros
pero
no seriamos verdaderamente hermanos si estuviésemos discutiendo día
sí día también. Aún así
lo
quiero en el alma porque cuando quiere es el mejor hermano del mundo.
Él es el pilar que me
sostiene
para no derrumbarme. Siempre me acordaré de aquellas vacaciones en
la playa hace dos
veranos.
Estábamos alojados en un hotel muy cerca de la playa y ese mismo día
habíamos conocido
a
unos grupo de chicos muy simpáticos y gracias a aquellas vacaciones
ahora mantenemos una
relación
muy estrecha.
Esa
noche Carlos y yo queríamos salir para poder ir a la fiesta que
celebraban en honor al inicio del
verano
pero nuestros padres se negaron rotundamente ya que aquellas
vacaciones eran familiares y
que
el tiempo era mejor pasarlo todos juntos y además yo era demasiado
joven para salir, yo
personalmente
considero, con el apoyo de mi hermano, que con 16 años una ya puede
salir y
además
iba con mi hermano que tenía 18, bien se podía hacer cargo de mí.
Aún así la
no,
se negaron. Mi hermano y yo no contentos con la decisión después de
haberlos intentado
convencer
que sería muy divertido y no pasaría nada, decidimos salir a
hurtadillas para que no se
enteraran
y así ellos pensarían que estábamos durmiendo.
Salimos,
sobre las doce asegurándonos de que ya se habían acostado, muy
silenciosamente para que
no
se despertaran por accidente. Al llegar al vestíbulo y ver al
recepcionista decidimos salir por elgaraje
por una de las puertas de acceso a la calle para no ser vistos y allá
fuimos para pasar una
noche
increíble. La fiesta estuvo genial, conocimos a un montón de gente
y bailamos toda la noche.
Al
llegar de nuevo a la habitación del hotel, pasando por recepción
que tuvimos suerte que no
hubiese
nadie, escuchamos a través de la puerta que nuestro padre se había
levantado y cuadraba
que
el mini-salón estaba entre su habitación y la nuestra así que
decidimos esperar. Estuvimos
esperando
un buen rato en el pasillo hasta que por fin nuestro padre volvió a
la cama. Entramos
y
no tuvimos ningún problema para disimular que no habíamos salido en
toda la noche ¡Fueron las
mejores
vacaciones de mi vida!
En
estas vacaciones fue donde Carlos conoció a su actual novia Montse,
una chica muy simpática y
agradable
por lo que fue todo un acierto haber salido aquella noche.
¡Dios
mío! Ahora están metiendo el ataúd en aquel agujero que será
definitivo, como decía mi
abuela:
<El último chalet .> El único con una decoración tan escasa
y deprimente. Ella siempre
tenía
una frase para cada situación, era tan especial como ella quería
ser. A su lado todo siempre era
sofisticado,
todo lo que hacía tenía mucha elegancia y ella era la que ponía
punto y final a
cualquiera
situación que estuviese interrumpiendo una de sus exclusivas fiestas
que celebraba todos
los
años. Reconozco que no siempre era todo tan perfecto como pretendía
que fuese pero siempre la
tuve
como un ejemplo a seguir y considero que nuestras relación era
fantástica ya que nos gustaban
las
mismas cosas, por lo que teníamos mucho en común así que este día
fue como perder a mi mejor
amiga
solo que ella era mi abuela por lo que el sufrimiento fue el doble.
De
repente un pequeño centro de flores atrajo toda mi atención, era
muy hermoso. Estaba
compuesto
por violetas y orquídeas, de distintos colores. Era sencillo pero
desprendía su misma
sofisticación.
La
lluvia caía con fuerza sobre nosotros y el frío no desistía por lo
que cuando aquel agujero que
contenía
a aquella maravillosa mujer, que significó tanto para mí y será
siempre mi ejemplo, cuando
lo
cerraron para que nunca fuese abierto de nuevo todo el mundo suspiró
aliviado por ver ya el final
de
aquel día, todos menos yo, que para mí solo significó que a partir
de ahora estaba sola porque ya
no
me acompañaría nunca más.
Empezaron
a colocar las flores delante de la tumba, todo aquello supuso un
sentimiento de soledad
profundo
que recorrió mi cuerpo y me dí cuenta de que todo aquello era
definitivo, para todos la
vida
sigue y las personas sólo significamos algo efímero. Ya sólo
quedaba la familia, entonces mi
padre
con un tono de voz contundente, como dando por concluido todo
aquello, dijo que nos
marcháramos
y todos asintieron y empezaron a caminar hacia la gran puerta de
piedra que separaba
el
mundo de los muertos y el de los vivos. Yo solo pude, nada más que
dedicarle una de muchas
sonrisas
que habíamos compartido juntas y despedirme prometiendo volver para
visitarla, aunque
en
ese momento yo no supiese lo que esas palabras iban a significar.
Ya
no quedaba nadie en el cementerio y me dirigí corriendo hacia la
gran puerta de piedra
donde
mi familia seguramente me estaría esperando. A lo lejos vi como e le
señor que cuidaba el
campo
santo cerraba el portón forjado, yo por un momento sentí un miedo
atroz de que me dejase
encerrada
allí dentro, pero de repente oí una voz que me llamaba:
-¡Noelia!
Entonces,
yo me detuve y todo mi miedo se esfumó, como si de un mal sueño se
tratase y cuando
me
volví, mi abuela me dijo:
-Noelia,
tienes que quedarte conmigo.
Mi
primera reacción fue de asombro pero luego mis lagrimas se
confundían con la tristeza y la
alegría
de volver a ver a mi abuela. Juntas, de la mano, vimos como las
personas que más
queríamos
se marchaban.