miércoles, 21 de noviembre de 2012
Niebla.
Esto no suele pasar con frecuencia, pero siempre hay una primera vez para todo. Hace como unos cuatro o cinco meses iba conduciendo directa a casa, por la secundaria que conecta mi pueblo con mi oficina. Estaba empezando a oscurecer, era cerca de las ocho y el invierno estaba llamando a la puerta. Después de unos cinco minutos conduciendo, como todos los días giré a la izquierda en el segundo cruce, pero esta vez era diferente, era un miércoles diferente, se podía notar en el aire, algo me llamó la atención con tanta intensidad que frené en seco. La verdad, estaba oscuro, pero estoy muy segura de li que ví, o más bien de lo que sentí. Una niebla muy espesa e increiblemente acechaba en frente de mí; se puede pensar que era una simple niebla en un día normal de invierno, pero no era así, estaré loca pero sé li que ví. Algo se movía, era difícil de percibir con las luces encendidas y todo aquel brillo. Pensé que podía apagarlas un segundo para poder distinguir algo entre aquella masa blanca. Lo ví, y eso fue lo que me mató. Ví al mismísimo demonio en persona, porque al apagar las luces, seguía sin conseguir ver aquello que se movía entre aquel replandor. Decidí bajarme del coche y esa fue mi última decisión que llegaría a tomar. En sentido contrario venía un coche a una velocidad que consiguió que no volviera a repirar nunca más. Ahora entiendo porque me paré aquella noche en la oscuridad para averiguar que era aquello que me llamaba. Era Él y su séquito. No sé como.describirlos pero es algo maligno que te corrompe por dentro y te deja sin aliento. No puedo describir en que situación o lugar me encuentro, sólo que nunca volveré. Lo último que deseo decir es, si recibes esta llamada lo mejor será que la ignores y continues tu camino, si no es así, nos veremos pronto.
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